25
febrero
Qué es un Facsímil

Pocas personas tienen, en la actualidad, el privilegio de abrir un códice medieval y descubrir entre sus folios de fina vitela el sorprendente mundo de imágenes y decoraciones que atesoran. Hojeando sus páginas se abre una fascinante ventana a la vida del medioevo. Son también, en muchos casos, notables obras de arte en las que intervinieron los artistas más relevantes del momento.

Las ediciones facsímiles permiten a estudiosos y amantes de la Edad Media acercarse a la sabiduría medieval a través de los códices más bellos, raros y valiosos del patrimonio histórico y cultural.

Actualmente, un facsímil no es una mera reproducción de una obra de arte (en este caso, de un manuscrito), sino que es una obra de arte en sí mismo. Se reproduce hasta el más mínimo detalle, utilizando siempre materiales de primerísima calidad, así como los últimos avances tecnológicos combinados con procedimientos artesanos. Solo así se consigue una réplica fiel e idéntica al códice original.

La tecnología digital más vanguardista es utilizada para emular y capturar todas las sutilezas y matices de color que presentan los códices originales, preservándolos en todo momento y garantizando su conservación.

Una vez digitalizadas todas las páginas del manuscrito, se pasa a la siguiente fase de la edición. Cada una de ellas se revisa meticulosamente con el objetivo de captar cualquier imprecisión en cuanto a los colores se refiere, siempre teniendo como referencia la gradación de color del original. Dichas imprecisiones son corregidas, incluso manualmente, hasta conseguir la tonalidad exacta.

En cuanto a la elección de los soportes utilizados, deben superar la comparativa del tacto, ondulación y carteo de los pergaminos y las vitelas auténticas. De igual manera, la pátina del tiempo, las roturas y desgastes, así como los posibles cosidos y restauraciones, deben reproducirse fielmente.

El último paso a seguir, previo a la impresión del manuscrito, es el tratamiento de los colores metálicos, es decir, del oro y de la plata. Al igual que en el caso de algunos matices de color, éstos se deben ajustar manualmente, a partir de siluetas obtenidas con potentes escáneres, para después ser aplicadas por calor a todas las páginas hasta en los más mínimos detalles.

A continuación, se realiza la primera prueba de impresión. El objetivo de esta prueba es corregir las posibles diferencias, en cuanto al color se refiere, con respecto al manuscrito original.

Una vez corregidas todas las imperfecciones y anomalías detectadas en la primera prueba, se pasa a la impresión definitiva y a la estampación del oro y de la plata, adaptando la tecnología a las características particulares de cada ejemplar.

Culmina esta labor el proceso de encuadernación. Al igual que en las fases anteriores, el objetivo principal de este proceso es conseguir que la encuadernación presente el mismo aspecto que la original. Para ello, se utilizan las mismas técnicas, cáñamos, pieles, pergaminos, herrajes, etc. que intervinieron en las encuadernaciones de los manuscritos originales.

Cada uno de estos ejemplares se autentifica a través de un acta notarial.

El rigor y el esmero utilizado en cada uno de los procesos de producción convierten a estos ejemplares en auténticas joyas del arte más actual y, a la vez, más ancestral.

Estas ediciones contribuyen a la conservación del patrimonio histórico y cultural dado que, en innumerables ocasiones, reemplazan a los originales.

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