Libro de Horas de los Siete Pecados Capitales, siglo XV
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| Folio | 115v |
|---|---|
| Formato | 160 x 110mm |
DESCRIPCIÓN
Los Salmos Penitenciales constituyen uno de los elementos esenciales de los Libros de Horas. Desde el punto de vista iconográfico, la secuencia salmodia se suele inaugurar con una escena de carácter escatológico dedicada al Juicio Final o el rey David en oración –supuesto autor de los salmos_, al que también se puede plasmar tañendo instrumentos musicales, objetos no exentos de significación alegórica por su pertenencia a la música sacra. Si se opta por incorporar un ciclo de imágenes, generalmente éstas suelen hacer referencia al rey de Israel, aludiendo a la penitencia de David en consonancia con los pecados cometidos a lo largo de su vida, especialmente con Betsabé y el posterior asesinato de su esposo, Urías.
El Libro de Horas de los Siete Pecados Capitales posee un ciclo iconográfico bastante particular del que existen escasos ejemplos aproximativos, consistente en relacionar cada uno de los Siete Pecados Capitales con los Salmos, recitándose con el objetivo de expiar las faltas ante la muerte, ya que cometer uno de ellos llevaba implícito el castigo eterno y por esa razón se llamaron Capitales o Mortales.
El penúltimo pecado es la ira. El rey David, entronizado bajo baldaquino muestra los atributos regios, es decir, la corona y las pieles de armiño bordeando sus lujosas ropas. El arpa dispuesta a sus pies es uno de sus símbolos personales. En el otro extremo de la estancia siete jóvenes se postran ante el monarca y tras ellos se abre una ventana enmarcando una visión de Dios. El pecado de la ira se encarna en un joven guerrero situado sobre un animal fantástico semejante a un dragón mostrando un aire amenazador. Sobre su casco se posa un gavilán con alas desplegadas y en el escudo se observa un perro colérico. El estandarte ratifica la identificación con la inscripción: Ira. A nivel global, esta representación resulta compleja: no obstante, podría tratarse de una alusión al censo encargado por el rey David a las siete tribus de Israel, actitud considerada muy negativa entre los pueblos semitas, decisión sobre las que Yavé descargó su ira.
