Libro de Horas de los Siete Pecados Capitales, siglo XV

Folio 102 vuelta. David en oración, un ángel muestra la espada, figura alegórica del orgullo (primer salmo penitencial)

5,00Añadir al carrito

Folio

102v

Formato

160 x 110mm

DESCRIPCIÓN

Los Salmos Penitenciales constituyen uno de los elementos esenciales de los Libros de Horas. Desde el punto de vista iconográfico, la secuencia salmodia se suele inaugurar con una escena de carácter escatológico dedicada al Juicio Final o el rey  David en oración –supuesto autor de los salmos_, al que también se puede plasmar tañendo instrumentos musicales, objetos no exentos de significación alegórica por su pertenencia a la música sacra. Si se opta por incorporar un ciclo de imágenes, generalmente éstas suelen hacer referencia al rey de Israel, aludiendo a la penitencia de David en consonancia con los pecados cometidos a lo largo de su vida, especialmente con Betsabé y el posterior asesinato de su esposo, Urías.

El Libro de Horas de los Siete Pecados Capitales posee un ciclo iconográfico bastante particular del que existen escasos ejemplos aproximativos, consistente en relacionar cada uno de los Siete Pecados Capitales con los Salmos, recitándose con el objetivo de expiar las faltas ante la muerte, ya que cometer uno de ellos llevaba implícito el castigo eterno y por esa razón se llamaron Capitales o Mortales.

La serie se inaugura con el orgullo, considerado por la Biblia y los Padres de la Iglesia el origen y causa de la maldad humana.

Frente a un decorado arquitectónico que se supone son las estancias palatinas, David, postrado de hinojos, recibe la visión alegórica del orgullo. El monarca, de edad avanzada, ciñe la corona real sobre sus cabellos y viste una suntuosa hopa forrada con amplio cuello de armiño que destaca la dignidad regia. Hacia él avanza un caballo albo gobernado por un guerrero, antítesis del miles Christi, armado con un escudo que ostenta un águila bicéfala, llevando sobre el yelmo un pavo real símbolo de la vanidad. En el estandarte sostenido con su mano derecha se lee: orgel. Sin duda alguna, se trata de la personificación del orgullo, montado sobre un caballo.

Sobre el cielo, hacia el que David dirige una mirada implorante, se aparece un ángel enarbolando una espada relacionada con toda probabilidad, con el pecado de soberbia cometido por parte del monarca contra Yavé cuando hizo censar al pueblo de Israel y de Judá. Yavé, indignado, le permitió elegir a través del vidente Gad el castigo que desease: tres años de hambre….(2 Samuel, 24,23). David respondió a Gad: “Estoy en cruel angustia. Caigamos en las manos de Yavé….(2 Samuel, 24, 14-16) .